martes, 6 de abril de 2010

LA ÉTICA ES RENTABLE

La ética es rentable
Las empresas éticas pueden visualizar y enfrentar con mayor capacidad los retos del futuro.

La ética no es solo un planteamiento moralista aislado de los negocios. La ética es una filosofía que tiene un enorme potencial de creación de valor, de riqueza, que muy pocos han imaginado en países como Colombia.



Pero, por fortuna, la visión empresarial está cambiando de manera acelerada, a tal punto que ha surgido en el país, en este país, la iniciativa de llevar adelante la Red Iberoamericana de Etica Empresarial y de las Organizaciones que tuvo su primer encuentro y sesión inaugural en Bogotá en la primera semana de septiembre. La reconocida investigadora Adela Cortina fue su principal protagonista.



Adela Cortina es catedrática de Etica y Filosofía Política en la Universidad de Valencia y directora de la Fundación ETNOR (Para la Etica de los Negocios y las Organizaciones) en España. Es autora de libros como Etica mínima (1986); Etica aplicada y democracia radical (1993); Etica de la empresa (1994); y Ciudadanos del mundo (1997); Hasta un pueblo de demonios (1999). Y en su reciente visita a Colombia, Dinero exploró con ella, los alcances de la ética empresarial.



Hay un largo desarrollo de la ética empresarial. Pero, en América Latina y especialmente en Colombia, la discusión apenas está empezando. ¿Podría resumirnos los nuevos mandatos de la ética empresarial?



La ética se debe analizar en el contexto político y económico en que se desenvuelve la sociedad. Pero, a pesar de que el contexto condiciona la forma de pensar, es posible imaginarnos elementos éticos universales. No hay que pensar la ética como lo hicieron los latinos en términos de normas y deberes, como reglas, cuya relevancia siempre puede cambiar con el contexto, sino en términos de valores. Encuentro que hay un creciente acuerdo entre todas las sociedades alrededor de, déjeme llamarlos así, cinco valores supremos: la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto activo y el diálogo. Una sociedad que vive según estos principios es una sociedad que comparte valores éticos de justicia, una ética cívica.



¿Cuáles son, entonces, los grandes cambios que usted percibe en la forma moderna de pensar la ética?



Percibo tres cambios fundamentales. Primero, hay un cambio desde una ética de la convicción hacia una ética de la responsabilidad. En aquella, las actuaciones se juzgan por sí mismas, pase lo que pase. En esta, la esencia es mirar y valorar las consecuencias de las acciones. Por supuesto, en aquella no cabe una ética de la empresa y en esta, el bien de la empresa puede percibirse en función del grupo de personas con las que la empresa interactúa.



Segundo, hay un cambio en la forma de juzgar la actuación: más que por total desinterés, por el interés de todos. Es claro que las empresas pueden y deben buscar un interés. Pero una cosa es actuar por el propio interés a costa de los demás y otra es buscar el interés de todos: el cliente, el proveedor, los empleados. A cualquiera de ellos se lo puede engañar alguna vez, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Por ejemplo, en los mercados de valores se han desarrollado fondos éticos de inversiones, que condicionan sus inversiones a aquellas empresas o negocios que cumplan ciertos requisitos éticos.



Tercero, el cambio del sujeto: desde una ética puramente personal hacia una ética de la organización. En aquella, las instituciones no son sujetos morales. En esta, a las empresas se las ve funcionando a partir de una cultura organizacional. Son las organizaciones las que toman decisiones en función de valores y el estudio de ello es lo que constituye la ética de los negocios.



"El capitalismo es una forma óptima de asignar

los recursos, pero no puede quedarse en su estado salvaje".





¿Cuáles son las implicaciones de estos cambios en la forma de hacer los negocios?



Un comportamiento ético apertrecha a una empresa con los medios suficientes para anticipar los retos del futuro. Como diría Ortega y Gasset, lo interesante es estar alto de moral y no desmoralizado. Una empresa ética está mejor preparada para el futuro. Y la época de la globalización permite a las empresas anticipar, crear y diseñar su futuro. Lo interesante es que en la medida en que las organizaciones se vuelven más planas en su estructura, su funcionamiento es más descentralizado y sus interacciones con el medio son más intensas, se necesitan mejores patrones de conducta.



El capitalismo es, lo creo yo, una forma óptima de asignar los recursos, pero no puede quedarse en su estado salvaje. La ética de los negocios intenta moralizar las empresas como una alternativa al neoliberalismo salvaje.



¿Cómo se pueden aterrizar estos conceptos al caso colombiano?



Déjeme decirle, por mi experiencia en Colombia, que muchos empresarios colombianos ya los están aterrizando. Su mundo empresarial está ávido de nuevas ideas, instrumentos y capacidades para ser asumidos. Ello hace vulnerable la administración a las modas, pues de cuando en cuando aparecen soluciones que se idealizan y convierten en panaceas. La ética empresarial, en mi opinión, recoge lo mejor de muchas modas, con dos ventajas: vale por sí misma y, además, es rentable.

Adela Cortina ha estudiado la ética empresarial durante los últimos 15 años y es autora de más de seis libros sobre el tema.









El paso inicial en las empresas siempre es desarrollar un código ético, construido colectivamente. Para medir y concretar qué es la ética, se tipifican conductas como mentir, defraudar al gobierno, acoso sexual... y se evalúan como inaceptables, aceptables o pasables. Las respuestas se evalúan desde diferentes perspectivas: la de los directivos, la de los trabajadores... Los códigos éticos así construidos sirven para desarrollar las auditorías éticas. En Colombia, como en España, hace falta universalizar la creencia de que la ética vale por sí misma.



Y ¿qué planes tiene de trabajo en Colombia?



En España, tenemos la Fundación ETNOR (Para la Etica de los Negocios y las Organizaciones), de la cual forman parte los empresarios y la academia. En Colombia, la Fundación Social ha tomado la iniciativa de fundar la Red Iberoamericana de Etica de los Negocios, en la que también son entidades convocantes ETNOR y la Universidad Javeriana. Busca sensibilizar a los empresarios frente a esta temática, con nodos, redes y foros para intercambiar experiencias.



En general, cuando hablo de ética cívica, he encontrado en Colombia un enorme eco. O nos hacemos fuertes en algunos valores o no vamos a poder hacer nada, porque otros elementos de cohesión social se han desarticulado. En este como en otros campos, estoy admirada por la creatividad y capacidad de iniciativa del colombiano. He encontrado gente mucho más orgullosa de su país de lo que cree quien lee la prensa. Creo que es precisamente en estos momentos cuando hay que ser solidarios y rescatar la ética.



Pero, de repente, no es la ética lo que predomina en la agenda de Colombia por todos los problemas que afronta...



Aunque veo desesperanza, en especial en la prensa, porque la ilusión del proceso de paz se está diluyendo, también veo mucha gente que cree que es el momento de echar para adelante. No por atender lo urgente se nos puede perder lo importante, aunque lo importante se está haciendo urgente. Y por ello lo importante es ahora llamar a la articulación de la sociedad civil.



Por supuesto, esa vitalidad de la gente contrasta con la dificultad de articular unos grupos con otros (cada grupo trabaja aislado) y con la debilidad del Estado. Si la sociedad civil pudiera articularse de forma más potente, sería parte de la solución.

Por eso, creo que las universidades y ante todo los empresarios, que son ciudadanos y sociedad civil, tienen una responsabilidad muy especial. Son, en este momento concreto de su historia, quienes tienen mayor capacidad articuladora de sus potencialidades, que son extraordinarias.

"Hace falta universalizar la creencia de que la ética vale por sí misma. De otra forma, no habrá cómo romper la corrupción ni la violencia"